rafa

 

El pasado sábado 21 de noviembre en Buenos Aires fue operada la hija mas chica del ” Rafa” Cotelo , Emma.

Nos contactamos con èl en estas ultimas horas y nos dijo que la operación fue todo un éxito a pesar de haber sido ” muuuuuuuuy larga”, según expresò.

Emma tendrá una recuperación lenta y larga.

Anoche nuevamente hablamos con èl y nos dijo ;

viene bien, mejorando de a poquito, pero mejorando.

Un pasional hincha de  Cerro, institución amiga, y que en varios de sus programas ya sean de radio o televisión también ha expresado su simpatía por Villa Teresa.

Desde aca le mandamos nuestro apoyo a toda la familia Cotelo.

 

 

Recibimos este relato y decidimos compartirlo con todos ustedes.

 

“Como todos los uruguayos, yo nací entre las piernas de mi madre gritando gol”
Con esta frase, el gran escritor Eduardo Galeano quiso ejemplificar cómo, por estos lares, el fútbol es mucho más que un deporte. Es una pasión que traemos desde la cuna y que se transmite de generación en generación. Un sentimiento que aflora los fines de semana en cualquiera de las canchas existentes a lo largo y ancho del país. Una pasión que hace que una persona que decide pasar una linda tarde mirando tranquilamente un partido de fútbol, y en un acto de increíble transformación, termine a los veinte minutos trepado del alambrado gritando como un poseído. Y que hace que alguien que vaya a un partido para desenchufarse y para cargar las pilas para el comienzo de la semana, se retire del mismo absolutamente estresado, ronco y agotado, algunas veces pletórico de felicidad, y otras tantas cabizbajo, mascullando bronca. Y sin embargo al partido siguiente estamos allí nuevamente, en una clara muestra de lo adictiva que puede ser esta pasión. Sigue leyendo

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Crónica del día mas triste en la historia del C.A. Villa Teresa.

A cinco años de la muerte de Marcelo López.

Aquella tarde de fútbol del domingo 7 de noviembre del 2010 había transcurrido como tantas otras. Dentro de la cancha el partido se había definido claramente y habíamos derrotado al local por 4 a 1. Los enfrentamientos entre Villa Teresa y Oriental de La Paz eran considerados prácticamente un clásico, dada la rivalidad existente entre ambos. Teniendo en cuenta esto, en las tribunas todo había transcurrido dentro de lo esperable. Pero tras esa aparente normalidad se estaba gestando un hecho que cambiaría para siempre la vida de muchos de los que allí estábamos.

Ni bien terminó el partido, me aposte frente a la cancha, observando todo. Me preocupó que ambas hinchadas estuvieran saliendo juntas sin presencia policial. Y es que en La Paz era moneda corriente que a la salida, los hinchas del club de esa ciudad arrojaran piedras a los visitantes. Eso era lo que se temía y eso fue lo que sucedió.

En determinado momento, varios de los jóvenes mencionados comenzaron a provocarnos, arrojando piedras y corriendo calle arriba rumbo a la plaza. Y algunos pocos de éste lado , a pesar de algunas advertencias, corrieron tras ellos. Más atrás salían, tranquilamente y ajenos a todo, cientos de hinchas, principalmente de Villa Teresa. Entre ellos y junto a sus amigos, caminaba Marcelo López, sin sospechar lo que el destino le tenía reservado.

De pronto comenzaron a sonar disparos. Alguien que nos esperaba allá arriba y a modo de emboscada, comenzó con su plan preconcebido: atacarnos cobardemente a balazos.

Todo sucedió tan rápido que no me daba cuenta de lo que estaba ocurriendo. Fue en ese momento que escuché el grito de Fernando Cardozo, compañero de directiva, que me alertaba:

– Tirate al suelo Ricky, que nos están tirando!!

Y al girar mi cabeza ví a Nando y a su hijo Emiliano tirados en el suelo, en el preciso instante en que una de las balas rebotaba en la baranda metálica del puente allí existente, a unos escasos 3 o 4 metros de donde estábamos, perdiéndose sin lastimar a nadie . Lo que vivimos a continuación es muy difícil de relatar.

En una primera instancia pensé que nadie había resultado herido. Porque Marcelo siguió caminando unos metros sin decir palabra para finalmente desplomarse en medio de la calle.

Entonces todo cambió en segundos, al comprobarse que la realidad era otra. Y así, en una ciudad llamada irónicamente La Paz, se desataría el infierno para nosotros.

– Hay uno herido en la cara, gritó alguien, sumiéndonos en la desesperación. Llegamos a la carrera al lugar donde se encontraba tendido Marcelo. No tenía heridas en la cara. Tenía sus ojos abiertos perdidos en la nada, y un gesto como de sorpresa en su rostro. No respondía a los gritos de aliento de los que con él estaban: ¡Aguantá, loco, aguantá!

Varios corrían de aquí para allá celular en mano, tratando de pedir ayuda. Los vecinos de esa

calle observaban todo detrás de las rejas de sus puertas y ventanas, sin hacer caso a nuestras súplicas por ayuda, negándonos una simple llamada telefónica.

Entre varios sacaron a Marcelo de la calle poniéndolo sobre la vereda, mientras transcurrían minutos que parecían eternos ante la desesperación por una ayuda que no llegaba.

Mientras tanto, un grupo de amigos de Marcelo salió temerariamente tras los pasos del asesino, sin poder alcanzarlo. Lo perdieron en una zona peligrosamente desconocida para ellos, corriendo a lo largo de la vía y luego a campo traviesa.

Cerca de allí, otro grupo de hinchas entró al bar ubicado en una esquina, a escasos metros del lugar donde había caído Marcelo, ante la sospecha de que allí había entrado el homicida.

Irrumpieron intempestivamente, pegándole a todo lo que se movía; pero el asesino no estaba allí.

Al mismo tiempo, un tercer grupo de hinchas llegaba hasta la sede del club de La Paz, a  metros de lo ocurrido pero hacia abajo, rumbo a la cancha. Allí comenzaron a patear sus puertas y a golpear sus ventanas, intentando abrirlas. Estoy seguro de que iban a arrasar aquel lugar hasta que no quedara piedra sobre piedra.

Pero desde sus fondos surgió la figura desesperada y suplicante de un ex jugador del club de La Paz, y casualmente ex jugador también de Villa Teresa, quien vivía en dicho predio:

– ¡Paren, muchachos, paren, por favor, tengo a mis hijas adentro!, gritaba, agitando sus brazos.

¡Yo lo vi pasar y enseguida escuché los tiros, yo sé quién fue!, decía. ¡Ayudame -me pidió desesperadamente – tengo a mis nenas adentro!

Afortunadamente, los nuestros que allí se encontraban entendieron el motivo de sus súplicas y se retiraron. Tampoco allí estaba el asesino.

Ya para ese entonces una camioneta de la policía trasladaba a Marcelo junto a algunos de sus amigos hacia el hospital de Las Piedras. Tenía dos balazos en el pecho y temíamos lo peor.

Lentamente comenzamos a dispersarnos. Unos partieron rumbo al hospital de Las Piedras.

Otros hacia Montevideo, buscando los distintos caminos que los llevaran hacia sus casas o hacia nuestra sede.

Yo me quedé en aquella calle sin saber ni para donde agarrar ni qué hacer. No podía creer lo que nos estaba pasando y en todo momento pensaba en la familia de Marcelo, aún sin conocerlos. ¿Que les íbamos a decir? En ese momento llegó un ex integrante del cuerpo técnico del club de La Paz. Nos contó cómo

había visto al asesino mostrando una bala entre sus dientes y diciendo ‘miren lo que tengo para Villa Teresa ‘ y de cómo había tratado de hacerlo cambiar de actitud. Me dio el nombre del asesino y el suyo propio, poniéndose a las órdenes.

Con estos datos en mi poder, más otros que ya me habían llegado, me dirigí a la comisaría de La Paz, a pocas cuadras de allí, a hacer la correspondiente denuncia. Luego hizo lo propio Alvarito (Álvaro Verrone) quien llegó minutos después. Y en el momento en que yo me había retirado junto a un oficial hacia el lugar de los hechos y Alvarito se encontraba declarando puertas adentro, sorpresivamente, llegó el asesino.

Seguramente asustado y sintiéndose identificado, se presentó a hacer una denuncia falsa para tratar de confundir a la policía. En ese momento declaró haber sufrido una agresión por parte de parciales de Villa Teresa, siendo víctima del robo de sus documentos. Siempre pensé que quizás en su cobarde huida sí extravió sus documentos y, ante semejante prueba en su contra, intentó desviar la atención hacia su persona. Sea como fuere, desde que puso sus pies en la comisaría quedó detenido, junto con su padre, quien lo acompañaba. No imaginó las denuncias que ya existían en su contra.

Fuera de la comisaría me encontré con varios dirigentes de la institución de La Paz. Éstos se habían trasladado hasta allí para colaborar con la policía y con nosotros, dando la cara en un   momento nada fácil para ellos tampoco. Por ellos nos enteramos de las múltiples denuncias que existían sobre el agresor, apodado ‘el rubio’, por hechos relacionados con violencia deportiva y con droga.

Caía la tarde en esa ciudad cuando nos llegó la confirmación de lo que todos temíamos:

Marcelo había llegado sin vida al hospital de Las Piedras, noticia que no por esperada resultó menos dolorosa. Un profundo sentimiento de congoja invadió a todos los que allí estábamos.

Horas más tarde confluirían en la explanada de la comisaría familiares y amigos de Marcelo, dirigentes de las dos instituciones involucradas, decenas de hinchas de Villa Teresa y los familiares del agresor. Cerca de la medianoche nos fuimos retirando, quedando solo los familiares del homicida.

Comenzaría luego un difícil periplo para aquellos que, valerosamente, fueron como testigos a declarar. Vendría el tiempo de las declaraciones ante el juez, el reconocimiento del asesino, la reconstrucción de los hechos, los careos. Entre todos los que estuvieron allí merece la pena destacar el caso de Patricia, la esposa de un jugador de Villa Teresa de aquel entonces.

Aquella tarde, ella se dirigía presurosamente a la parada del ómnibus con su pequeña bebé en sus brazos, cuando frente a ella y a pocos metros, el asesino comenzó a disparar, saliendo ilesas ella y su pequeña hija de forma poco creíble.

Más tarde en esa semana y, en una muestra de una gran entereza y valentía, Patricia se presentó a declarar ante la justicia, siendo su testimonio clave, junto a los de otros testigos vinculados a ambas instituciones, para la resolución del caso. (Finalmente, ‘el rubio’ sería procesado con prisión por homicidio muy especialmente agravado, simulación de delito y tenencia de droga).

Los días que siguieron, nos tendrían deparado más dolor e indignación todavía, de parte de aquellos que tendrían que haberse solidarizado con nosotros. Porque aunque el fútbol todo debió haber estado de luto, sólo nosotros y nuestra divisional lo estuvo. Porque el fútbol de primera división no fue suspendido.

Y esos mismos dirigentes que hoy se sientan a nuestro lado en las reuniones de la A.U.F., esos mismos que nos han dado la bienvenida, que nos han obsequiado con plaquetas conmemorativas y para los cuales resultamos simpáticos y hasta folclóricos, sintieron que no valía la pena suspender la fecha por un muerto de Villa Teresa. Porque éramos un club de tercera categoría, y al parecer así fue categorizado nuestro fallecido. Y es que el domingo siguiente se jugaba el clásico y no éramos lo suficientemente importantes para ellos como para suspenderlo.

El grueso de la prensa se unió a ese desprecio y a ese silencio por un hecho luctuoso que debería haber alcanzado a todos los estamentos del fútbol, siendo muy pocos los que manifestaron su asombro y su rechazo por tal indiferencia.

Apenas logramos, y no sino después de muchas idas y vueltas, que en dicho clásico se hiciera un minuto de silencio en memoria de Héctor Marcelo López; pero no así lo que había propuesto Tenfield, que apareciera la foto de Marcelo en la pantalla gigante del estadio en ese momento.

He mirado muchas veces esa foto, Marcelo. He hurgado en mi memoria buscándote, sin hallarte. Sé que nos habremos cruzado muchas veces en el barrio o en alguna cancha. Pero terminé conociéndote cuando la vida se te escapaba, tirado en una maldita calle de una maldita ciudad. Pero el no conocerte no fue impedimento para que te llorara junto a tus seres queridos en aquellos días y para que hasta el día de hoy siga lamentando tu muerte, repasando mil veces lo ocurrido; preguntándome mil veces qué pasó, qué hicimos mal, o que podríamos haber hecho.

Me consuelo pensando en que tu muerte haya servido para que nunca mas nos suceda algo así. Para que nuestros muchachos vean que la pasión por nuestros colores es única, es hermosa, incomparable e indivisible, sí, pero que debe tener un límite. Porque no debe superar el valor que le damos a la vida, propia o ajena, así como tampoco al amor por nuestra familia o por nuestros amigos.

Me consuelo imaginando que fuiste nuestro superhéroe , atrayendo las balas asesinas hacia ti, prefiriendo sacrificar tu vida, antes de permitir que fueran heridas otras personas, como por ejemplo Gabriela o su pequeña niña.

Me consuelo recordando que fuiste aquella tarde a ver al Villa para distraer tu mente del profundo dolor que sentías por el reciente fallecimiento de tu querida madre, sin saber que esa misma tarde partirías a su encuentro.

He contado muchas cosas aquí, algunas por primera vez; y he guardado para mí otras tantas.

Creo firmemente que esta tragedia infame que enlutó nuestras vidas no tendría que haber sucedido; pero también creo que podría haber sido aún mucho peor.

Y siento que, por más que nos duela, y contrariamente a lo que muchos opinan; y por más que nos encontremos tan lejos de todo aquello, disfrutando de este presente increíble, no debemos tratar de olvidarnos de aquel noviembre negro. Porque está ahí, en nuestro pasado cercano, en nuestra historia reciente.

“Quien olvida su pasado está condenado a repetirlo”. H. R. de Santayana.

Ricardo Tonossi Batalla, Presidente del C.A. Villa Teresa, periodo 2010/12.

Esto paso el pasado sábado en San José. Una nueva derrota…

SUDAMERICA 3 -VILLA TERESA 1

Cancha: Estadio Martínez Laguarda (San José).

Jueces: Esteban Ostojich, Marcelo Alonso y César Sebastiani.

SUD AMERICA: Javier Irazún, Julián Perujo, Maximiliano Pereiro, Edgar Martínez, Adrián Argachá, Juan Alsina, Fernando Arismendi, Gonzalo Vega (81′ Bruno Foliados), Gastón Colman (80′ Bryan Aldave), Nicolás Royón. 

Director técnico: Julio Avelino Comesaña.

Suplentes: Washington Ortega,  Claudio Innella, Diego Molina, Diego López, Federico Olivera.

VILLA TERESA: Ramiro Bentancur, Gabriel De León, Walt Báez, Jonathan Souza Motta, Daniel Leites, Ademar Martínez, Jhonny Galli, Daniel Pereira, Gonzalo Curbelo (8′ Fabián Bastidas, 73′ Agustín Peraza), Diego Martiñones, Santiago González (63′ Maximiliano Russo).

Director técnico: Vito Beato.

Suplentes: Pablo Tourn, Maicol Britos,  Nicolás Olivera,  Diego Viña.

Goles: 26′ Gastón Colman (SA), 35′ y 90′ Fernando Arismendi (SA), 54′ Diego Martiñones (VT).

Tarjetas amarillas: 23′ Jhonny Galli (VT), 58′ Gabriel De León (VT), 71′ Gonzalo Vega (SA), 76′ Javier Irazún (SA), 90′ Daniel Leites (VT).

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Continua la  campaña de solidaridad para los niños mas nesecitados !!!
Pueden comunicarse via Facebook. Celular: 097 259380- 091659992.. SR EDUARDO PEÑA.

TAMBIÉN ANOTAMOS SU DIRECCIÓN Y PASAMOS A BUSCAR O LLEVAR A LA SEDE DESPUÉS DE LAS 20HS .

Se puede colaborar con ropa, muebles, electrodomésticos, juguetes, etc.

AGRADECEMOS SU APOYO !!!!!

El VILLA ayudando a los que nos necesitan.

 

El proximo sabado 17 de octubre viajamos a San Jose a enfrentarnos a Sudamerica por la 9na fecha del Torneo Apertura.

Sale locomoción a las 13 hs. desde la sede.

Costo del pasaje $ 150.

Anotarse en la sede